lunes, 26 de diciembre de 2011

Boinas verdes: héroes de una guerra olvidada

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Boinas verdes: héroes de una guerra olvidada

24 DIC 2011 | Manuel Ortega
Lo que comenzó casi como un curso con medios caseros en la ciudad de Jaca, en el Pirineo aragonés, ha cumplido medio siglo de existencia.

Cinco décadas después, los hombres que integran el Mando de Operaciones Especiales están entre los mejores en lo suyo: el combate en situaciones fuera de lo normal.

En el principio fue Jaca. En aquella ciudad, donde se instaló la Escuela Militar de Montaña en 1945, comenzó a impartirse a mediados de los años cincuenta del siglo pasado una peculiar asignatura dentro de su curso: la de guerrillas. Por entonces, el curso de montaña era uno de los más duros del Ejército español. Y prueba de ello es que la Infantería de Marina organizó una de sus primeras unidades especiales, el antecedente de la actual Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE), bajo la denominación de Compañía de Escaladores Anfibios. Hubo que esperar a 1957 para que comenzara a impartirse específicamente el primer curso de guerrillas en Jaca, con unos medios restringidos, cierta formación autodidacta y mucha ilusión. Y algo más para que se autorizara la creación de dos Unidades de Operaciones Especiales por Instrucción General número 161-125 de 13 de diciembre de 1961. El verdadero pistoletazo de salida de las Operaciones Especiales en España.

Espíritu de cuerpo

Por entonces, los miembros de las dos UOE se formaban en Jaca, eran voluntarios y cobraban un plus de doce pesetas si servían en campo y de seis si lo hacían en cuartel. Con el tiempo, no solo la Escuela Militar de Montaña añadió a su nombre las Operaciones Especiales, dando lugar a la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE), sino que además se fue puliendo el “espíritu de cuerpo”.

Para ello se emplearon prendas, emblemas y usos que se han ido legando a quienes han pasado por el curso desde entonces. Por ejemplo, la denominación de guerrilleros, al considerar que formaba parte de la tradición hispánica desde los tiempos de la Iberia prerromana. O la boina verde, prenda distintiva de la mayor parte de las unidades de Operaciones Especiales españolas, como también lo son las dos ramas de roble y el peculiar machete que conforman su emblema.

Las UOE, que nacieron en un marco muy particular, el de la Guerra Fría, y que estaban destinadas a llevar a cabo combates en situaciones excepciones, debieron mucho al clima de la época. Al fin y al cabo, en los años cincuenta el US Army había implantado las Special Forces -sus propios green berets o boinas verdes- y la US Navy se aprestaba, a inicios de la década de los sesenta, a crear los célebres SEAL. En España, y desde la puesta en marcha a finales de 1961 de las UOE, se llevó a cabo un proceso similar. En las décadas siguientes se conformaron las Compañías de Operaciones Especiales (COE), que posteriormente pasarían a fundirse en los Grupos de Operaciones Especiales (GOE). También la Legión puso en marcha su propia UOE, que después pasaría a ser la XIII Bandera, más conocida como la Bandera de Operaciones Especiales de la Legión (BOEL), que contaba con la peculiaridad de incorporar al emblema legionario el machete y las ramas de roble y cuyos miembros cambiaban el chapiri por la boina verde.

Las necesidades de finales de los años noventa llevaron a la creación del Mando de Operaciones Especiales (MOE) en 1997, cuya primera sede fue la mítica ciudad de Jaca. Dos años más tarde el MOE fue trasladado al barrio alicantino de Rabasa, instalándose en el acuartelamiento Alférez Rojas Navarrete. Desde entonces el MOE ha sufrido varias reestructuraciones para adecuarse a sus cometidos. Actualmente, bajo el mando del general de brigada Francisco Arribas, cuenta con tres GOE: Valencia III, Tercio del Ampurdán IV y Cabo Legionario Maderal Oleaga XIX, este último sucesor de la BOEL. A estos hay que añadirles un Grupo de Cuartel General y una Compañía de Transmisiones. Su organigrama no tiene nada de clásico. Pero es que los hombres que lo integran, como sus misiones, tampoco lo son. En cada GOE existen varios grupos operativos que cuentan con especialistas en explosivos, transmisiones, tiro de precisión, sanidad, etc.

La arrogancia paracaidista

Pero para llegar a ello hay que haber superado un durísimo curso estructurado en tres fases: paracaidismo, básico de Operaciones Especiales y avanzado. En total, un año, más o menos, que ejerce de criba en la que únicamente permanecen los mejores. Y no solo en el plano físico, porque la naturaleza de sus misiones demanda un control psicológico excepcional. Nervios de acero, en suma.

Unas misiones que los han llevado a países como Bosnia, Kosovo, Mozambique o Líbano. También a Irak y Afganistán, donde sus misiones han incluido labores de escolta a miembros del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) sobre el terreno. Y fueron hombres del MOE los que, en julio de 2002, volvieron a izar la bandera española sobre el islote de Perejil como vanguardia de la operación Romeo Sierra.

Que forman parte de lo mejor del músculo militar español lo demuestra el que en enero asumirán el liderazgo de la Fuerza de Respuesta Rápida de la OTAN, como ya lo hicieran en 2007. Ya lo dice una frase de un Credo Guerrillero que circula por ahí: “El guerrillero tendrá el espíritu legionario, la arrogancia paracaidista y el valor y el coraje de la mejor infantería del mundo”.

Héroes de una guerra olvidada

La sede del MOE rinde homenaje al alférez Rojas Navarrete, teniente del Batallón Expedicionario Soria 9 durante la Guerra de Ifni-Sahara. Rojas Navarrete, oficial procedente de la Milicia Universitaria, dirigió la resistencia a una emboscada de las bandas marroquíes pese a estar herido por fuego de mortero. Cayó en la acción y recibió la Medalla Militar Individual a título póstumo, siendo el único oficial de la Milicia Universitaria que la ostenta. El GOE Cabo Legionario Maderal Oleaga, procedente de la antigua BOEL, honra con su nombre a Juan Maderal Oleaga, cabo de la XIII Bandera de la Legión que cayó en el combate de Edchera, en una dura lucha contra el enemigo en la que también falleció su superior, el brigada Francisco Fadrique Castromonte, mientras cubrían el repliegue de sus hombres. Ambos recibieron, a título póstumo, la mayor condecoración militar española: la Laureada de San Fernando.

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