lunes, 5 de diciembre de 2011

POR ESPAÑA ME ATREVO… La Bandera de Operaciones Especiales de La LEGIÓN.

Por sugerencia de:

 r o n i n 0 7 

reproducimos este articulo publicado en: 

forodeculturadedefensa.blogspot.com


Rápidos, silenciosos, mortales… Llegaban donde nadie más llegaba, se atrevían en lo que  
nadie osaba… Hacían posible lo imposible. Nunca se daban por vencidos. Eran Legionarios. 
Y algo más: Eran Boinas Verdes. Los Boinas Verdes de la Legión. Sobra cualquier otro comentario.

Las Operaciones Especiales en La Legión tienen sus antecedentes en la 
Sección de Operaciones Especiales
que se identificaban por un emblema con una calavera con unas tibias cruzadas y tenían una
instrucción diferente del resto de las compañías- que en la década de los 70 fueron organizadas
en los Tercios Saharianos, a razón de una por Bandera (en el II Tercio se entrenaba a los
legionarios en escalada, cualificación que posibilitó la creación de las Secciones de Escalada
para cubrir la montañosa zona fronteriza con Marruecos). Helitransportadas, desde un principio,
tenían como misión principal la de actuar contra el Frente Polisario (especializándose en guerrilla 
y contraguerrilla), como de hecho así ocurrió de una manera eficaz, siendo estas pequeñas
UOE.´s las únicas que han entrado en combate y han sufrido bajas en acciones de guerra. 
Casi simultáneamente los Tercios hermanos del norte de África, organizaron también sus SOE.´s 
llegando a existir un total de 8 Unidades de este tipo en 1975 (2 por Tercio).

El entusiasmo y tenacidad del entonces Subinspector de La Legión, General D. Tomás Pallás Sierra
consigue la creación de una Unidad tipo Compañía (el 22 de Febrero de 1981 se seleccionaban los 
39 primeros legionarios integrantes, ex paracaidistas o veteranos de la Legión Extranjera francesa). 
La primera “Prueba de Boina” transcurrió entre los días 9 y 29 de Julio, concediéndose la codiciada 
boina verde a 65 de los 95 integrantes…


Y así, el 6 de Octubre de ese año, en el marco de una de las numerosas reorganizaciones 
que ha sufridoLa Legión a lo largo de su historia, se daba por oficialmente organizada la 
Unidad de Operaciones Especiales Legionaria (UOEL), siendo su fundador el 
Cap. D. Ricardo Castillo Algar y quedando compuesta por Mando, Plana Mayor, 
Unidad de Apoyo y tres “Equipos Operativos”. Se daba así carta de naturaleza organizativa a las 
unidades de "cometidos especiales" que, con el nombre de Secciones de Operaciones Especiales, 
venían existiendo de forma más o menos extraoficial, en el seno de cada bandera legionaria desde
los años 70…

Aquel acto administrativo de Octubre del 81, abría la puerta a la expansión de las operaciones 
especiales dentro de La Legión. A finales de Enero de 1983 se realizaba la primera 
Fase de Supervivencia en la zona de Faraján (Málaga), articulándose la Unidad en 18 Patrullas
 de Supervivencia. Seguidamente se realizan en el Valle de Abdajalís las prácticas de emboscada, 
golpes de mano y cerco, así como recorridos topográficos –diurnos y nocturnos- en la malagueña 
Sierra de Yeguas. En Septiembre de ese mismo año, 27 de sus integrantes se trasladan a la
Escuela Militar de Paracaidismo.

No conforme con la pequeña entidad de esta
Unidad, el General Pallás pretende que exista 
en La Legión una Bandera de Operaciones
Especiales y ante la falta de un número
suficientes de Suboficiales diplomados
en Operaciones Especiales, logra que en 
1983-84 se realice un curso de OE.´s en la
Base Legionaria de Ronda exclusivamente
para Mandos de la Escala Legionaria, 
con la intención de surtir de Mandos diplomados
en OE.´s a la futura Bandera de Operaciones
Especiales de La Legión (BOEL)Así, en 
Septiembre de 1983, un grupo de profesores
de la Escuela Militar de Montaña y Operaciones
Especiales (EMMOE) se desplazaba por 
primera vez fuera de Jaca, hasta Ronda, para
impartir junto con algunos oficiales legionarios- el I Curso de Operaciones Especiales de 
La Legión, con el fin de que los suboficiales y los Cabos 1º legionarios pudieran efectuar el
 curso de aptitud para mando de OE. Más tarde los miembros de la UOEL compondrían
el I Curso de Paracaidismo para Caballeros Legionarios en la escuela de paracaidismo de 
Alcantarilla, efectuando en 1984 el primer salto de una unidad legionaria. En Marzo también 
del 84 se realizaría la primera Fase de Nieve. En Junio se trasladaban a La EMMOE de Jaca
a realizar unos ejercicios con los alumnos del Curso de Operaciones Especiales que allí
se realizaba. A finales de ese mismo año, una anécdota da muestras de la madera 
de la que estaban hechos aquellos legionarios: Durante un recorrido topográfico nocturno
, un binomio se despeñó, cayendo por un barranco de unos 12 metros. Ambos no rompieron
el silencio que se había impuesto a la misión hasta el amanecer, cuando fueron localizados
y rescatados.

El 17 de Mayo de 1985[2] se creaba la Bandera 
de Operaciones Especiales de la Legión (BOEL), 
ampliando la capacidad de la UOEL y elevándola 
a la categoría de Bandera (tipo Batallón), con tres
Compañías de Operaciones Especiales
(Compañía de Especialidades/Instrucción, Compañía de 
Patrullas de Combate y Compañía de Patrullas de
Reconocimiento Profundo) y una de Unidad de 
Apoyo, Dependiendo orgánicamente del IV Tercio
de Apoyo "Alejandro Farnesioy con base en 
Ronda (Málaga), la nueva bandera absorbe 
la UOEL y, con el concurso de voluntarios, 
completa las tres compañías que le asigna su orden
de creación. El 14 de Noviembre de 1.986 
recibe su primer guión en el campamento de
Montejaque (Ronda).

De esta forma, la Bandera de Operaciones Especiales de la 
Legión se creó con Cabos 1º y Cabos seleccionados de los 
4 Tercios y el nivel inicial de preparación de la tropa marcó para siempre a la Bandera: Sus Cabos 1º
 eran los únicos de España (con alguna excepción de la UOE) que eran diplomados en Operaciones 
Especiales. Eso puede dar una idea del nivel de exigencia al que se sometía a la tropa 
(todos profesionales) que pisaba la Bandera. El curso de tropa o Fase Básica de OE, s, como se 
llamaba entonces en algunos casos llegó a tener una duración similar a las del Curso de Mandos (9 meses).
 No había piedad, sólo terminaban los fuertes, los duros, los valientes. Hoy en día a "algunos" si les quitas
 el visor holográfico o el designador láser, no saben disparar, comprobado. Les han hecho creer que
 son "agentes de operaciones especiales" en lugar de GUERRILLEROS, denominación que nunca 
debió desaparecer -independientemente del cambio en las misiones-, pues ese término es
eminentemente español e histórico. La Bandera fue pionera en muchas cosas: Los primeros en fomentar 
la especialización, primero por COE.´s y más tarde por equipos. Nunca hubo PRP,s como las de
 laBOEL, llegando a transmitir a más de 8.000 km con una radio HF de 20 Wts... Ahí queda eso.

En Enero de 1996 -y en virtud de la de la NG 6/94 EME, la aplicación del Plan NORTE-, la BOEL pasa a formar parte de la Fuerza de Acción Rápida (FAR), dentro del Núcleo de Apoyo a la FAR (NAPOFAR), del que depende operativamente, pero sin perder su dependencia administrativa del IV Tercio.

El 1 de Julio del 98 quedaba integrada, junto con dos Grupos de Operaciones Especiales, en el Mando de Operaciones Especiales (MOE). Con motivo de pasar a tener dependencia del MOE se adoptaba una organización más acorde a la del reto de GOE.´s: Una Plana Mayor de Mando, dos Compañías de Operaciones Especiales, una unidad de Transmisiones y una Compañía de Plana Mayor y Servicios. La primera agrupaba al comandante encargado de la Inteligencia, otro comandante que
 gestionaba las labores de operaciones y actuaba como segundo jefe de la unidad, un tercero encargado
 de la logística, un Suboficial Mayor y la Jefatura de Sanidad.

Por su parte, las COE.´s tenían un mando que gestionaba un comandante, su Plana Mayor y tres Operativos
 de Operaciones Especiales que incluían –cada uno- tres equipos básicos compuestos por un equipo
 de especialistas en agua y otro especialista en montaña. La Unidad de Transmisiones integraba su mando
 y Plana Mayor, dos equipos de base de radio y una unidad informática, mientras que la COE de Plana
 estaba compuesta por su Mando y su Plana Mayor, la Sección de Mando, la Sección de Abastecimiento,
 Mantenimiento y Sanidad, contabilizando el BOEL un total de aproximadamente 250 legionarios, confiriendo
 a la Unidad una inusitada operativa y estando integrada exclusivamente por personal voluntario
 (y altamente motivado).

En Junio de 2002 se traslada finalmente a la localidad de Rabasa (Alicante), transformándose en el Grupo de Operaciones Especiales C.L. Maderal Oleaga XIXLa versión oficial de la disolución... El caso es que al crear el MOE y pretender establecer a las Unidades en Rabasa, que la BOEL siguiera siendo legionaria presuponía más inconvenientes que ventajas: La diferenciación entre los que son legionarios y los que no lo son podría acarrear "problemas de convivencia", a sumarle el problema de la doble dependencia -ya que siendo una bandera legionaria, el general de La Legión algo tendría que decir-... Todo ello no beneficiaba al aglutinador proyecto MOE.

En resumen, la BOEL fue la primera en tener equipos de Combate Urbano o CQB como se denominan actualmente (“combate en poblaciones”, como siempre se le llamó); la primera en conformar equipos de Tiradores de Élite, etcétera, etcétera. La única unidad en España que estuvo a su altura fue la UOE de Infantería de Marina (y por factores similares). La BOELsiempre estuvo innovando en Operaciones Especiales, es más, muchos de los procedimientos que hoy se usan en el Mando de Operaciones Especiales partieron de las Normas Operativas de Procedimiento de la Bandera (tanto las de patrullaje como las de combate urbano -por nombrar alguna- y, ni que decir tiene, las de los equipos de tiradores). La Bandera fue siempre la unidad más innovadora en todos los procedimientos (sería injusto no reconocerle el papel que jugó teniendo en cuenta además que fue la que más interés mostró en que se creara el MOE).

Y lo que distinguió a la Bandera por encima de cualquier otra consideración fue que todo el mundo tiraba del carro en la misma dirección, desde su Teniente Coronel hasta el último Legionario. Su compromiso con la unidad era a prueba de balas…


Misiones:
Desde su creación la BOEL ha participado en numerosos ejercicios, tanto nacionales como internacionales, ganándose el respeto y la admiración de fuerzas de tanta solera como las británicas, americanas, francesas y alemanas. Además, un equipo de 35 hombres de la BOEL ha formado parte de la Operación “Alfa-Bravo” en la antigua Yugoslavia, incluido en las Agrupaciones Tácticas “Málaga” y “Canarias”, donde desarrolló labores de protección, reconocimiento y obtención de información.

Las misiones de la BOEL en esta nueva etapa, son las propias de la nueva filosofía sobre el empleo de las unidades de OE en los ejércitos occidentales. Estas incluyen, entre otras: actuaciones tipo comando, misiones de reconocimiento en profundidad, rescate de rehenes o prisioneros, recuperación de material sensible, etc.



Formación:
Para poder cumplir este tipo de misiones, los integrantes de la BOEL debían de estar perfectamente preparados[3]. Una vez admitido el futuro legionario como MPTM, se iniciaba el entrenamiento básico de La Legión que se extenderá durante un periodo máximo de 2 meses. Entre los que habían superado el Periodo Básico y se habían presentado voluntarios como aspirantes al ingreso en la BOEL, se efectuaba una preselección física y psíquica.

Tras ser preseleccionado, se pasaba a la fase de instrucción básica propia de la bandera, que incluía, entre otras actividades: Curso de paracaidismo (para tropa), instrucción de combate, explosivos, armamento, tiro, topografía, Primeros Auxilios, transmisiones, reconocimiento de materiales, supervivencia, vida y movimiento en montaña, actividades acuáticas, fotografía e interpretación fotográfica, etc. Esta fase tenía como colofón un ejercicio en el que, en no más de 72 horas, el aspirante deberá poner en práctica todo lo aprendido, en condiciones de especial dureza. Los pocos que lograban pasar con éxito este ejercicio recibían la boina verde de la BOEL, y eran asignados a la compañía que más se adecuase a sus posibilidades.


Una vez superado los meses de preparación tuvo que llegar la hora: Nos tuvieron desde por la mañana arriba en el salón viendo pelis, etc. Serían aproximadamente las 14:00 horas cuando nos marchamos todos en formación hacia arriba, concretamente donde solíamos dar las tácticas de combate.

Recuerdo que era invierno, ya llovía, y nos acercamos hacia una tienda cónica.

Una vez llegado el capitán nos dijo a todos “Si estáis preparados para pasar las pruebas que den un paso al frente”. Como era evidente todos los que quedábamos -ya que en esos meses ya hubo bastantes bajas- dimos el paso al frente; luego entramos uno a uno y -cual fue nuestra sorpresa- en la tienda habían mandos. Al entrar recibimos más palos que no os podéis imaginar. Una vez recibida tal bienvenida, nos colocaron de rodillas y ¡a afeitarnos la cabeza al cero! Y, por supuesto, los ojos vendados con cinta americana y claro está de rodillas (una anotación: Si alguien se movía ya que llovía y las rodillas se notaban, pues otra ración de palos). Nadie decía ni una palabra. Las horas fueron eternas. Recuerdo que sólo nos levantaron para darnos algo de comer: Ese día me pusieron en la famosa gorra espinacas, un trozo de pescado y una naranja que me sabía a manjar (me lo como todo). Y otra vez de rodillas y más palos. Al anochecer ya no sentía las piernas como decía Rambo… Ahora me río. Sobre las 22:00 horas nos echaron a un camión, como sacos de patatas. Nadie sabía dónde nos llevarían.

Nos bajaron a patadas y de cara al suelo, lleno de barro, y con los brazos en la cabeza. Nos dijeron que estábamos prisioneros. Unos recibían patadas, otros insultos y hasta hubo quien recibió una agradable meada sobre el cuerpo. Así estuvimos bastante tiempo. Más tarde, fuimos entrando de uno en uno en una tienda donde estaba nuestro capitán y los tenientes. Me preguntó cómo me llamaba, mando y unidad pero únicamente contesté que me llamaba Manolo Escobar y -por supuesto- me dieron el carro completo (placa-placa y más…).

Luego me sentaron a una mesa donde había un plano y me habló nuevamente mi capitán: “Estás aquí, ¿lo ves? Pues tienes que ir aquí”. Yo le conteste que sí y salí corriendo de esta pesadilla que me estaba pasando. En el camino me encontré con un compañero y decidimos ir en binomios. Claro está que si te pasabas del recorrido estabas fuera de la prueba. Anduvimos por Sierra Blanquillas de un punto hacia otro y con el agravante que en algunos puntos nos detenían nuevamente y más palos… Ya casi al amanecer aparecimos nuevamente en el punto de reunión que estaba al principio. Estaba lloviendo a mares, barro y más barro, cansancio, etc. Vimos algunos Cabos 1o desayunando y cualquiera se acercaba a pedir algo, así que me tapé con el poncho y encendí una vela (al menos tenía algo de calor). Por fin escampó, nos formaron y a pasar el famoso pasillo de fuego y pitando todos a –también- montar el fusil en tiempo, disparar y hacer blanco. Ya creíamos que aquí se terminaría todo ¡pero nada que ver! Otra vez reunidos y en binomios, esta vez carrera hacia la Cueva del Gato.

Estábamos arriba y para bajar, lo mejor de todo, el rappel-tirolina y un disparo y ¡al agua patos! El agua más fría de mi vida -lo recordaré mientras viva- y nuevamente a correr en tiempos hacia el cuartel. Justo en la entrada posterior del cuartel (concretamente donde solíamos salir para comer a la Venta Miguel) estaba un cabo cronometrándonos y me dijo “Vas bien de tiempo; ahora vete a la pista de aplicación que te esperan. ¡Corre!”). Una vez llegado a la pista había que pasarla. Estaba sin desayunar, sin comer, sin fuerzas… Sé que era el último esfuerzo y había que pasarla entera y no fallar o de lo contrario nuevamente a pasarla. Ya había en la compañía compis que estaba animando a gritos (“¡Vamos, vamos Sevilla!” me decían). Conseguí pasarla… Pero tres veces. Lo que más recuerdo fue que, entrando en la compañía, entregué el material, me duché y un compañero me acercó una botella de Coca-Cola y unos pasteles (¡Dios, qué bueno me supo!). Al día siguiente veíamos compañeros que se marchaban a otras unidades. Sólo quedamos unos poco, no recuerdo el número concretamente, en formación y nuestro Capitán nos entregó la Boina Verde ¡Por fin conseguí tan preciada Boina! Y más tarde nos dieron un homenaje con algo de comida y bebida.

Sé que algo no recordaré, pero esto que os cuento lo llevo en mi memoria para el resto de mis días…” (ARS, ex miembros de la BOEL: La Prueba de la Boina”, 2 de Septiembre de 2.012).


No obstante, con el destino en el bolsillo y la boina calada no estaba todo hecho, ni mucho menos. Una vez dentro de la compañía de destino se continuaba el adiestramiento en forma constante, durante el que se prodigaba la instrucción táctica en el campo, empleando en este cometido un mínimo de 120 días al año -siendo lo normal 160 días- con el fin de especializar al boina verde legionario en, al menos, una actividad y capacitarle para desempeñar secundariamente el resto de especialidades. Todo ello le permitía cumplir el lema de la unidad: "POR ESPAÑA, ME ATREVO". Además, al entrenamiento “en casa” se sumaban numerosas maniobras internacionales: Las “Trabuco”, en territorio español pero conjuntamente con el Ejército estadounidense, los ejercicios “Pegasus” (Patrullas de Reconocimiento de Largo Alcance, desarrolladas en Bélgica), los “Comangoe”, con las Fuerzas Especiales portuguesas, las “Ardente” (con el Segundo REP de la Legión Extranjera francesa) o los “Garellano”, en Ronda, con los SAS británicos…

Desde su creación, primero como UOEL, después como BOEL y finalmente como GOE, ha participado en numerosos ejercicios conjunto combinados y ha desplegado en operaciones en Bosnia y Herzegovina, Albania (labores de Apoyo y Protección durante la operación “Alba”), Kosovo, Afganistán, Iraq y El Líbano.



A lo largo de su desarrollo, la BOEL ha experimentado diferentes cambios de numeración dentro del organigrama legionario. En sus inicios le fue asignado el número de la antigua XII Bandera "Cabo Suceso Terreros" (aquel cabo que, durante la guerra de África, murió junto a todos sus hombres en el tristemente famoso "Blocao de la Muerte"). Después pasó a ostentar el de la vieja XIII Bandera "General Mola", de fama sahariana. Finalmente, tras un nuevo cambio, detentó el número XIX, que hasta entonces no había sido asignado, llevando como nombre el del último laureado: "MADERAL OLEAGA"[4].

Sin duda alguna, esta especial y alta cualificación venía determinada por una adecuada conjunción del Credo Legionario –que daba un especial soporte moral a estos hombres- con una preparación continuada y realista, elementos que conjugados daban como resultado guerreros capaces de las acciones más difíciles y espectaculares. Su actividad, organización y medios les confería una elevada disponibilidad para el desempeño de todo tipo de misiones, considerándose que la Unidad podía ser alertada de inmediato ante cualquier necesidad militar que contemplara su despliegue o empleo táctico.


Eran, en definitiva, auténticos GUERRILLEROS.

El Caballero Legionario de la Bandera de Operaciones Especiales de la Legión reúne una serie de características-tipo que pudieran enumerarse en:

I.- Gusta de enfrentarse a retos personales, y superar los hitos que aparecen como infranqueables.
II- Le gustan las actividades de conllevan riesgo y aventura.
III- No le importa la dureza de la instrucción, siempre que el trato humano de sus Mandos y Compañeros sea cariñoso, hacia su persona y problemas.
IV- Desea ser el mejor en lo que hace, y no le asusta el ridículo de "no saber hacerlo".
V- Le gusta el deporte y la vida sana, que acompañan de manera permanente a una forma de entender y vivir la vida intensamente.
VI- Encuentra en ese camarada y amigo, forjado en muchas horas de esfuerzo y sacrificio juntos, un apoyo incondicional para toda la vida.
VII- Se siente inmensamente orgulloso de pertenecer a LA LEGION, y está siempre dispuesto a ocupar los puestos que le signifiquen mayor riesgo y fatiga.
VIII- Exige de su Mando dedicación absoluta, preocupación por sus problemas y profesionalidad en todos los órdenes; cuando este Mando consigue su respeto y cariño, le es fiel hasta sus últimas consecuencias, para siempre.
IX- Cuando se va de la Bandera, lleva una impronta vida diferente, de sacrificio, de austeridad, de trabajo y esfuerzo, que le hacen afrontar los problemas de la misma de forma muy diferente a como cuando entró, y sabe además que contará siempre de por vida con su otra Familia, LA LEGION.

El paso de tiempo no beneficia a las milicias. Cada día más se busca más lo políticamente correcto y eso en la guerra simplemente, no tiene cabida. Los tiempos cambian, el concepto “Guerra” ya no existe, se dulcifican las misiones y a sus protagonistas, reconvirtiéndolos en “oenegeros”; las unidades se cierran, se crean otras pero lo que fue la XIX BANDERA DE OPERACIONES ESPECIALES DE LA LEGIÓN "MADERAL OLEGAGA" es, simplemente, irrepetible.

Y es que, como bien reza su lema: 

POR ESPAÑA ME ATREVO.


[1] Organizadas en Mando y Plana Mayor, tres pelotones de fusiles y uno de armas (aunque carecía de morteros).
[2] Creada por la IG 1/95 EME (50 Div.) de 17 de Mayo de 1985
[3] Los soldados que se iban incorporando a la Unidad seguían un programa de instrucción que comprendía Fase Básica, Fase Superior y Fase de Especialización. La primera tenía una duración de 16 semanas e incluía el periodo básico, el curso de paracaidismo y el curso elemental de Operaciones Especiales. La Superior implicaba su asignación a la Compañía de Operaciones Especiales específica para adquirir experiencia en el aprendizaje de técnicas de combate, manejo de equipos electrónicos, empleo de explosivos… En la Fase de Especialización se realizaban diferentes cursos externos para lograr la mayor capacitación de sus integrantes, como el salto manual (con la Brigada Paracaidista), de buceo de asalto, conducción, tirador selecto, etc.
[4] El caballero legionario Juan Maderal Oleaga, junto con el brigada legionario Francisco Fadrique Castromonte, pertenecientes ambos al 3er Pelotón de la 10ª Compañía de la XIII Bandera, fueron recompensados, a título póstumo, con la Cruz Laureada de San Fernando, cuando el 13 de Enero de 1958, durante el combate de Edchera, contuvieron entre los dos a numerosos enemigos mientras el resto de la unidad se replegaba tras haber sufrido cuantiosas bajas.

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